martes, 9 de abril de 2013

EL ARTE QUE FUE PUBLICIDAD (PARTE II): HENRI DE TOULOUSE - LAUTREC



Toulouse - Lautrec fue un conocido pintor del siglo XIX, que realizó carteles de gran importancia en el mundo artístico y de la publicidad.  Su 'pincel fotográfico' retrató, con valor y naturalidad, aspectos que la sociedad de la época alentaba y escondía al mismo tiempo: prostíbulos, salones de baile y la vida nocturna de París se revelan bajo su atenta mirada.

Esta segunda entrega de 'El Arte que fue Publicidad' trata sobre las contribuciones que hizo, a ambas disciplinas, este gran artista del arte moderno. El primer primer post de la serie es 'El Arte que fue Publicidad (Parte I)'.






Henri fue el primer hijo del Conde Alphonse de Toulouse-Lautrec y su esposa (y prima hermana) Adèle. En esta familia, la endogamia era una práctica relativamente frecuente, y tal vez a ello se deba la enfermedad congénita que afectó el desarrollo del pequeño Henri. Además, cuando aún era un niño se fracturó ambas piernas, por lo que nunca alcanzó una altura mayor a 1, 52 m.

Esta particularidad ayudaría a consolidar su tendencia natural al arte, porque durante los meses de recuperación de sus accidentes se dedicó casi exclusivamente al dibujo y la pintura. También le brindó un aspecto personal que le daba notoriedad, pero al mismo tiempo lo separaba del modelo de aristócrata.

Los Toulouse-Lautrec practicaban y gustaban del arte, aunque también de otros hobbies más propios de la nobleza, como la caza. El pintor se crió en Albi, en el campo, en donde estuvo en contacto con la naturaleza y los pasatiempos de su familia.

De acuerdo a ello, las primeras obras de Henri muestran figuras de caballos, escenas de caza, y por supuesto, mujeres. Su primer modelo frecuente fue su madre, la condesa, de quien hizo varios retratos.



COMO LA VIDA MISMA
 
Con el objetivo de convertirse en pintor, Lautrec se mudó a París en 1881, y se integró a los talleres de diferentes artistas para continuar su aprendizaje. Fue en uno de esos estudios en donde conoció a otros pintores, entre ellos, al joven Vincent Van Gogh. Éste último se convertiría en su amigo personal.
 
Es remarcable también su encuentro posterior con Degas, a quien admiraba como artista. Cruzaron palabras en pocas ocasiones, pero siempre fueron de capital importancia para Lautrec, que sentía devoción por 'el pintor de bailarinas'.

También en París conoció el barrio de Montmartre, que era centro de diversión y placer de la ciudad. Allí se ubicaban salas de baile, bares y prostíbulos (o locales que eran las tres cosas al mismo tiempo). Algunos muy famosos persisten hasta el día de hoy, como el Moulin Rouge. Otros muy concurridos en la época fueron el Folies-Bergère, el Moulin de la Gallete, el Chat Noir y el Salon de la Rue des Moulins.


Una Noche en el Moulin Rouge - 1889
Lautrec quedó fascinado por las posibilidades de esparcimiento que le ofrecía este paraíso decadente, pero no se deslumbró solamente con las luces del escenario, si no que logró ver más allá del espectáculo y encontró el que sería su mayor motivo: las personas comunes. No sólo pintó cada uno de sus cabarets preferidos. Pinto LA VIDA que animaba cada lugar, pintó a su gente.

Se atrevió a mostrar un costado negado de la sociedad, una porción de la vida parisina que era tan real como marginada.